Cómo creer en tiempos de guerra
Muchos creemos que la fe es la respuesta para solucionar una guerra, pero lo que no saben las personas es que muchas guerras inician por la misma creencia, religión y fe.
La fe es guerra, Es una pelea. Una batalla. La fe es dura. Es una lucha confiar en Dios cuando no puedes verlo. Es una lucha creer que Dios está en control cuando todos a nuestro alrededor gritan que la vida se ha descarrilado. Es una batalla para agradecerle a Jesús que su constante amor nunca cesa y que sus misericordias son nuevas cada mañana en medio del dolor y la tristeza. Es una lucha para creer las Escrituras en lugar de nuestros ojos y circunstancias. Es una lucha para perdonar y resistir la amargura y creer que Jesús puede cambiar los corazones de los demás. Es agotador y luchar para regocijarse siempre. Es difícil creer que al final, Dios resolverá todo esto para nuestro bien. Creer que Jesús tendrá la última palabra. Creer que nuestros sufrimientos están produciendo un peso eterno de gloria. La fe es una lucha para creer que seguir a Jesús es mejor que el pecado.
Vivimos en un mundo con variedad de ideologías, creencias, razas, idiomas, culturas, avances tecnológico; donde por motivos familiares, personales no es necesario tener fe en algo o en alguien que no vemos, ni tocamos, es una creencia de años heredado por nuestros antepasados. Es una expresión de tranquilidad para enfrentar nuestros problemas difíciles o situaciones angustiosas Pero definitivamente los seres humanos tenemos una vida de fe, con nuestras familias, compañeros, estudios, ofreciendo los alimentos, la salud, nuestros trabajos, los conocimientos, la naturaleza, el mundo,
En momentos de dificultades por la simple razón de humanidad, no comprendemos hasta qué punto de quiebre esa razón de fe es negada, humillada, transformada con nuevos dioses y creencias, la modernidad, el producto de dichas acciones, se convierte en castigo en contra de nosotros mismo, el egoísmo del yo, de no compartir, envidias, la codicia, la gula.
La negación de la fe, es variada como la muerte de un ser querido, enfermedades, las guerras, las pandemias, nuevos grupos socioculturales, la economía, los grupos armados, la violencia, la tecnología, la perdida a los valores adquiridos en nuestras familias, por tal razón me pregunto ¿ qué es la fe?, fe que desde que nacemos nuestros padres la comparte como bendición y la verdad de un ser supremo, es una riqueza con principios ,para que los hijos triunfen ante los desafíos de la vida.
Es una creencia, confianza, esperanza, decisión tomada por cada uno, esta fe que habita en cada uno de nosotros y la podemos transmitir en conocimientos, acciones, compartiéndola con las personas más necesitadas de la sociedad, en miembros de la familia, con compañeras con problemas familiares, personales, de estudio, con mi otro yo, donde no solo con la palabra de Dios podamos ayudar, sino con bienes y servicios. Nuestra manera de agradecerle a Dios es con la oración, un minuto de las 24 horas que respiramos es un minuto de comunicación, dialogo, confianza, perdón por las falencias que como seres humanos tenemos ya que no somos perfectos.
Él nos escucha, no entiendo cuando nos va mal lo culpamos, pero el que se está castigando no es el, somos nosotros, por tal razón debemos compartir nuestros conocimientos, ser buenos elementos para la sociedad, la familia, donde los valores positivos sean nuestra salvación cuando estemos en peligros.
No estamos luchando por nosotros mismos. Tenemos un gran Sumo Sacerdote, un poderoso Mediador que ha escrito nuestros nombres en sus palmas y su corazón. Tenemos un Buen Pastor que nos protege, nos guía por aguas tranquilas, revive nuestras almas. Tenemos el Espíritu Santo de Dios que vive en nosotros, nos guía, nos habla y nos ayuda. Tenemos acceso momento a momento al trono de la gracia donde podemos recibir misericordia y ayuda en tiempos de necesidad, que es todo el tiempo. Y Jesús ha provisto hermanos y hermanas para orar por nosotros y estar con nosotros. No estamos solos en esta guerra.
Isabela mora Parra
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